Preguntas como ésta (ver ¿?11 del primero de mis blogs) , más que un acertijo o una interrogación en búsqueda o espera de una respuesta útil, que ayude a descifrar el modo o la forma en la que debemos vivir, son una expresión de un momento de desesperanza.
Y es que parece que más que conocer la respuesta de antemano, tal y como dice mi amigo Anuar en su comentario, preguntas como ésta resultan tan ociosas como preguntarse qué es la vida o cuál es el propósito de la vida. No quiero decir que estas preguntas no sean fundamentales o inherentes al ser humano, sino que si se formulan sin conocimiento de causa o sin apoyo de cierto fundamento filosófico o como una mera reflexión, puede que cualquier esfuerzo por encontrar respuesta sea totalmente improductivo.
Así, no pretendo que todas estas preguntas que formulo tengan una respuesta concreta. Mi objetivo es en todo caso, motivar a la reflexión, expresar un estado de ánimo o hacer alguna crítica. En esta ocasión el propósito era desahogar cierta insatisfacción; decir que en el momento en que formulé la pregunta, no encontraba propósito para hacer ciertas actividades. Estaba desmotivado. De cierta forma, quería ahorrarme el recorrido entre el punto en el que estamos y el punto final, la muerte. No encontraba motivos para continuar con el viaje, al menos no con un itinerario previamente delineado. Quería dejarme ir.
Sufría, en parte, de la insatisfacción de planear y ver quebrantadas las aspiraciones, , justo como Dann trata de expresar en su comentario, de saber que al final de cuentas habría que responder a la eventualidad y dejar de lado los sueños, posponer todo aquello que suponemos nos traerá una satisfacción más real. Sin embargo, creo que estoy repuesto, por ahora al menos -uno no puede planear o anticipar sus estados emocionales.
La salida la encontré, por un lado, cuando acepté que la vida además de ser un ciclo, tal como se entiende la vida de un animal o vegetal por ejemplo, tiene para los humanos un curso que lo sobrepasa, que lo vincula con ideas y acciones de personas de épocas pasadas, presentes y futuras. Uno, además de vivir su propia vida, vive la historia. Así, sin adjetivos. La otra reflexión que me permitió salir a flote fue entender que "el camino", ya sea planeado o no, trazado con antelación o alterado en su totalidad por las causalidades que no podemos controlar, simplemente puede ser definido como enteramente disfrutable, con sus altas y sus bajas. No hay más. Y como elemento extra si se persiguen ciertos objetivos y se construyen proyectos que ayuden a la consecución de metas "el camino" puede que resulte más satisfactorio.
Todo mejoró cuando Bird -el personaje principal de Una cuestión personal de Kenzaburo Oé (1964)- encontró junto conmigo, una vez más, el significado de la palabra <
Correspndiente a martes 20 de marzo de 2007.
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