¿Qué serán en realidad las casualidades cuando uno se niega rotundamente a creer en ellas?
Bajo una perspectiva más objetiva y positiva de la realidad podría decirse que cuando uno intenta desenmarañar el complejo curso de su vida y alejar de la explicación creencias y eventos sobrenaturales, lo que se encuentra es una complicada red de causas y efectos que, es cierto, se desarrollaron casi de manera aleatoria y donde la intervención de nuestra voluntad es más bien baja, pero son notorias nuestras decisiones que sirvieron como "codo de tubería" -vaya analogía-y que re direccionaron el flujo de nuestra existencia al transcurrir el tiempo.
No obstante, resulta curioso cómo en lo cotidiano basamos -lo digo en plural porque espero que alguien más lo haga y no sólo yo- nuestro sentir, pronósticos, expectativas y comprensión, en un andamiaje propio, conformado por creencias o explicaciones sin sustento lógico. Me explico. Dada nuestra experiencia y cognición del mundo tendemos a buscar equilibrios, sin que empleemos patrones de medida coherentes que indiquen que en realidad no hay descompensaciones. Estos equilibrios los percibimos como evidencia de justicia; cuando no llegamos a ellos inmediatamente acusamos a nuestra realidad como injusta. De la justicia sabemos poco, en todo caso la manejamos a conveniencia. Así, balanceamos nuestra vida, sus acontecimientos, los resultados que se obtienen y volvemos confortables nuestras frustraciones:
-No lo tengo todo, es cierto, pero tengo cosas importantes. Unas cosas por otras. Es lo justo.-
El infortunio siempre se compensa con algún resultado positivo, alguna oportunidad para enmendar el camino, sin importar si nos esforzamos lo suficiente por obtenerla o si hicimos lo adecuado en el momento oportuno para acertar. Claro está, a la satisfacción o al éxito, a ese momento de bienestar, siempre le sigue el choque de frente con alguna pared; el tropiezo se encuentra justo al doblar la esquina. Prueba irrefutable del ying y el yang, el equilibrio es el resultado final. Nunca la cima, nunca la sima.
Todo lo anterior para explicar que me dio gusto encontrarme con lo siguiente:
-Ninguno de mis equipos ganó el fin de semana; pude haber sacado un buen premio en la lotería si hubiera comprado boleto (siempre juego con los mismos números); no fueron los días más divertidos de mi vida. Pero todo eso no importa, fui compensado con la buena noticia de una buena nota escolar lo que hace más complicado que me expulsen de tan prestigiosa institución a la que estoy inscrito.
¡Vaya casualidad! Conjunción de cosas inconexas. Soy un alquimista.
Correspondiente al Lunes 22 de enero de 2007.
martes, junio 05, 2007
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